Sobre los gustos no se discute

modo, los gustos también se convierten en disgustos, en hechos que producen en nosotros intolerancia hacia los gustos de los otros. Y todas estas idas y vueltas dan origen a las discusiones sobre los valores estéticos. Discusiones que son interesantes y legítimas pues los valores estéticos son controvertidos y no atentan contra los valores compartidos. Esto significa que no afectan nuestra convivencia y que, por lo tanto, pueden coexistir diferentes posiciones. Esta coexistencia de diferentes valores estéticos enriquece nuestra mirada sobre el mundo y la tolerancia en ese ámbito es necesaria y deseable.
Sin embargo, para poder generar esta actitud de tolerancia, es preciso profundizar sobre el modo como se construyen esos valores. Es razonable pensar que el gusto no es innato, sino un producto de la sociedad y de la cultura. Así, los gustos cambian a través del tiempo y de los lugares, se relacionan con las costumbres y los modos de vida construidos o adoptados por grupos y comunidades. Hoy, la difusión masiva de ciertos modelos a través de los medios de comunicación tiende a la homogeneización y la imposición de determinados gustos que aparecen así como los únicos legítimos y que se asumen como incuestionables.
Por otra parte, algunos gustos son usados para establecer distinciones sociales, por ejemplo, los que se relacionan con la elección de géneros musicales, comidas, deportes y vestimenta. Reflexionar sobre los aspectos que hacen a la construcción de nuestros gustos y sobre la incidencia que éstos tienen en el vínculo con los demás es una tarea importante a ser cumplida por la escuela en el marco de la Formación Ética y Ciudadana.

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